La brisa del acantilado hacía ondear
las gasas que envolvían mi esplendida figura y mis largos cabellos, negros y brillantes, caían por mi
espalda. Al fondo se veía el mar y el
atardecer teñía de suaves colores el
cielo. Sentí una mano en mi cintura que me hizo girar y un beso sensual y
profundo me produjo un placer que languideció mi cuerpo. Abrí los ojos y Vigo Mortesen
me sonreía, hermoso, con su melena al viento.
- Estaremos juntos para siempre
Arwen, me dijo, acercándose de nuevo a
mis labios…
Cuando sonó el despertador me
dieron ganas de tirarlo por la ventana, lo apague de un golpe y apreté la almohada contra mi cuerpo intentando
recuperar la magia del momento perdido. Bostece y me estire, desperezando mis extremidades. Al levantarme, mi mala costumbre, me devolvió a la realidad cuando subí al peso que
tengo junto a la cama, se me llevaron los demonios.
XXL Ay! Dios
como siga así, voy a tener que comprarme la talla prohibida. Esto se me ha ido
de madre este verano y me pongo a temblar cada vez que me acerco al armario.
Me entendéis verdad? Como en el chiste, las calorías de mi
armario se han puesto las pilas y me han encogido la ropa escandalosamente.
Pero es que no tengo arreglo,
cuando se me ponen por delante cosas tan deliciosas no puedo remediarlo, una fuerza externa se apodera de mis manos sin
hacer caso a la lucha interna que hace chocar atropelladamente el deseo y el compromiso. Mecachis!!!
¿Por qué estarán tan buenos estos delicados bocaditos que parecen de juguete?
Que si!! Que hay sitio para todo!
Esta misma tarde me apunto al gimnasio, y ya lo iremos arreglando poquito a
poco. Sin agobios, que hay que disfrutar de las cosas buenas!! Verdad Raquel??
